domingo, 15 de junio de 2014

Madridxtrema 2014

Madridxtrema 2014

          Mi bautismo de fuego en esta prueba, ya le tenía ganas, la verdad, porque me han hablado de ella, y no pilla tan lejos, pero todo era cuadrar fechas y este año, me lié la manta a la cabeza y me dije….a por ella, y así ha sido.
        Antes de nada, agradecer a Ricky, de los Castrejones que me pillara el dorsal el viernes por la tarde, porque eso ha supuesto media hora menos de madrugón, aún así, el que suscribe ha tenido que levantarse a las 5 h. a.m., cuando aún no estaban puestas ni las calles para llegar a una hora prudencial a Colmenar de Oreja, pueblo muy bonito, por cierto, que ya conocía de otras visitas y que recomiendo a todo el mundo; pero a lo que voy, me presento a las 7 en el Bar el Púa, me tomo un café mañanero para despabilarme y recojo la bolsa del corredor con el dorsal correspondiente, 266, un número más, para eso no soy delicado, bueno y para comer tampoco, jeje.
       Me dirijo al parking habilitado cerca de la Ermita del Cristo y preparo los artilugios correspondientes, dátiles y barritas para comer, camelback y bote para beber, casco, guantes, gafas de sol, bici y auriculares, pongo el dorsal en el manillar y el chip en la zapatilla y a línea de salida.
         El ambiente no está mal, somos unos 500, pero claro acostumbrado a los últimos eventos como el Soplao o los 101 de Ronda, se me queda un poco justo, pero aún así, está muy bien organizado, un espacio con stands de marcas colaboradoras, un speaker haciendo su función y cientos de bikers llegando de todos sitios, en la salida coincido con Antonio y Jesús, dos hermanos de Bike Carrizosa y charlamos un rato, hasta que pasados unos minutos de las 8, nos dan la salida, en principio neutralizada, yo pensaba que solo sería así, por la población, pero no, transcurre durante unos kilómetros por una carretera comarcal, hasta que se retira el coche de la organización y a partir de aquí…¡ancha es castilla!.
            Vamos muy agrupados todos los bikers, aunque más o menos la selección natural ya se va notando, los hay que avanzan a todo trapo y los que se van quedando detrás en los repechos, y yo para no variar, soy de los del montón, unas veces adelanto y otras me quedo detrás, el comienzo es agobiante los caminos son como si estuviéramos rodando por una fábrica de yeso y el polvo te ciega, hay momentos en los que no se distingue el camino….elegí mal día para ponerme lentillas…y en las primeras rampas serias aparecen los primeros peatones que la suben andando, aunque en esta ocasión son los menos y no causan mucho estrago entre el resto.
   Rodamos a buen ritmo, de tal forma que a mí me marca una media de 21 kms/h. ya sé que no es para tirar cohetes, pero sí, para lo que tenía pensado, (qué iluso) a estas alturas tengo 3 frentes abiertos, mi rodilla izquierda con amenaza de tendinitis, mi bíceps femoral derecho recordándome lo que sufrió en el soplao, y mi lumbalgia que también se deja ver, no me preocupo demasiado, es lo bueno que tiene ser un “perro viejo”, yo sé que con el paso de los kilómetros me iré encontrando mejor y cuando coja mi ritmo, todo volverá a su ser.
            Primer avituallamiento, en el km. 23, sandía fresquita, plátanos, relleno el bote y tirando de nuevo, aquí comenzamos un tramo paralelo a un río (no sé cual, pero quizás el Tajuña) que es francamente bonito, está dentro de las Sendas Verdes de Madrid, pica para arriba pero con mucha ligereza y me viene bien para terminar de amoldarme, lo dicho, la rodilla ya no me duele, y la lumbalgia con ponerme en pie de vez en cuando sobre la bici, la voy conteniendo, así que me empiezo a encontrar bien y voy pasando gente, en esta ocasión he venido solo, así que desde el comienzo voy con mi música en mi mundo y de vez en cuando hablo con algún compañero, aquí la mayoría son de la comunidad de Madrid, solo veo a alguno de Lillo, y un par de bikers de Sonseca, que cuando hablo con ellos me dicen que no, que son de Madrid, pero llevan esa equipación, en fin, lo bueno que tiene el ciclismo es que al final todos somos como una familia y enseguida vas viendo las mismas caras durante el recorrido y terminas hablando con ellos.
            Mientras tanto, voy comiendo dátiles que llevo en un bolsillo, y cuando me doy cuenta estamos en el segundo avituallamiento, km. 45, justo tras pasar por una tubería grande, o un túnel pequeño, el caso es que los que somos XXL, no podemos pasar encima de la bici y toca pasar agachado y la bici al lado, entramos en un pueblo, que no tengo ni idea cual es, pero al menos, el coche de Policía Local, que estaba controlando era de Chinchón… la verdad es que hemos girado tantas veces a izquierda y derecha que he perdido la cuenta y tras salir del pueblo en una pequeña cuesta, toca aprovisionarse de nuevo.
            Repetimos la jugada, relleno el bote, bebo una botella de agua fresquita, y sandia y plátanos, la camelback en esta ocasión libra porque aún tiene, así que ando 5 o 10 metros hasta que me como los plátanos y vuelvo a cabalgar para enfilar de nuevo el recorrido, por aquí es una zona de sendas y monte bajo que se hace llevadero, lo que se sufre subiendo, se recupera bajando sin problemas, llevamos 2 horas y voy pletórico, obviamente sé mi posición dentro del pelotón, pero también sé que voy con mis cálculos a la par y que el cuerpo responde perfectamente, las molestias han desaparecido, y lo único que echo de menos es mi vieja cámara de fotos, porque hay algunas zonas que son dignas de plasmar.
            En un llantazo creo que he pinchado la rueda trasera, por el golpe y la sensación desde arriba de que hace mucho bombo el lateral, así que me bajo y la tanteo con la mano, ¡bah! De momento creo que aguante y pensando que quedará poco para el lugar donde se separan la ruta corta de la larga, igual allí hay asistencia mecánica, así que continuo sin más, es verdad que un poco mosca y controlando, pero hasta que llegamos a un camino en el que se puede rodar sin problemas y me olvido del tema. Así nos dirigimos a Colmenar, como siempre la Policía Local controlando la situación, y he sido testigo directo de cómo un coche ha hecho caso omiso al agente y quería continuar, dándole un buen susto al policía y al compañero que en ese momento estaba cruzando la carretera, menos mal que se ha detenido el coche, yo he seguido y no sé como habrá acabado esa historia, supongo que sin consecuencias, pero es que hay algunos que parece que no puedan perder 2 minutos para dejar paso, ¡leches!....relájate en el coche y disfruta del espectáculo que estamos dando, ¡joder!., es que estas cosas me ponen muy mala leche; en fin, volvemos a salir de Colmenar esta vez cuesta abajo, aquí me junto con un compañero que me pregunta por el desvío de la ruta corta, le digo que “ni flores”, desde luego no he visto ningún indicador, y el colega se viene conmigo jurando en arameo, el caso es que a 200 metros nos encontramos el dichoso desvío, izquierda ruta corta, derecha ruta larga, obviamente no hace falta que os diga cual he tomado…
            Aquí cambia la película, no sé si porque mi posición en el pelotón era con los que hacían la ruta corta o qué, pero de repente de ir acompañado de bikers, me encuentro solo en la inmensa llanura que se vislumbra, a lo lejos veo a un biker, obviamente no me he perdido porque las indicaciones son abundantes y muy claras, alcanzo a mi compañero y lo comentamos, será que muchos se hayan quedado atrás y nosotros vamos cerrando el pelotón de los torpes, el caso es que durante buen rato vamos los 2 solos y un chaval que se nos une. En este momento tengo mi susto del día, últimamente no gano para ellos, y además de la forma más tonta posible, llaneando…porque que me suceda bajando entra dentro de lo posible, pero ¿llaneando? Pues sí, en un camino típico con 2 carriles y un montón de hierba en el centro, yo por el lado izquierdo y mi compañero (luego resulta que también se llama Manuel, jeje) por el derecho, en un momento, mi pedal derecho toca con una piedra que había escondida entre la hierba, eso supone que pegue un bote sobre la bici, y como no se me desenganchan los pedales y todo lo que sube, tiene que bajar (y yo más), aterrizo sobre la nariz del sillín…¡crash!, sillín partido, la inercia hace que mi cuerpo se desplace hacia delante y me quedo sentado sobre la barra horizontal de la bici, pero la rueda trasera se me levanta un palmo del suelo….obviamente todo el que monta en bici, se imagina la situación…pues de milagro, logro detener la bici sin saltar por encima del manillar, los compañeros aún no se lo creen, y la verdad es que yo tampoco, ¡qué cerca ha estado!.

            Compruebo que está todo perfecto, salvo el sillín, claro, enderezo lo que puedo los raíles para dejarlo lo “mejor” posible y vuelvo a subir, a partir de aquí, las paso canutas porque en las cuestas subiendo, obviamente no puedo adelantar el culete, y en las bajadas alguna vez que otra se me ha enganchado el culotte y me he tenido que volver a sentar para desengancharlo, pero bueno, el caso es que seguimos avanzando, ahora ya no tenemos una media de 21, entre otras cosas porque mi cuentakms. está para el arrastre y marca cuando quiere….(Aviso a posibles patrocinadores, acepto uno nuevo, me da igual la marca ;-), jajaja) pero no me hace falta, el pulsómetro sí funciona y me va marcando el tiempo total.
            Con mi tocayo, vamos comentando que la idea es acabar, el tiempo es relativo (eso ya lo dijo Einstein, pero queda bien) que no aparezca “el tío del mazo”, o su primo el “calambres”, y nuestra duda es cuanto nos falta para el siguiente avituallamiento, en teoría debería estar cerca, y efectivamente, tras girar a derechas en una bajada nos encontramos otro pequeño oasis donde reponer las fuerzas nuevamente.
            Ritual del día, comer un trozo de sandía, pillar dos plátanos, aquí me rellena muy gentilmente un voluntario el bote con isotónica y relleno la camelback, y rodando que es gerundio, nos advierten…”queda lo mejor” (nótese la sutil ironía), y nos parten el recorrido, dentro de otros 11 kms. hay otro avituallamiento y desde allí, 8 hasta el final.
            Alegría contenida, parece que ya está hecho…o eso debe ser, a estas alturas nadie piensa en retirarse salvo por fuerza mayor, el caso es que el comienzo es ágil, se rueda llano aunque el camino está un poco incómodo por la sequedad del suelo, nos encontramos en el Camino Natural del Tajo y vamos paralelos a un Canal….aquí hago un inciso…las 2 veces que he rodado por el dichoso Camino Natural del Tajo, he pasado más sed que un naufrago, en la Madrid Lisboa 2013 y aquí…cierro el inciso.
            De repente se gira a la izquierda, se abandona la llanura y lo único que tenemos en frente o mejor dicho a nuestra izquierda son unas lomas de monte bajo, y vegetación de rivera, y unas maravillosas sendas single track, por donde nos toca pasar, aquí está la parte divertida de la ruta, si no fuera por el calor asfixiante y los kilómetros que llevamos, a mí personalmente me gusta y disfruto un montón, pero como digo, no estamos ya para muchas florituras y cualquier repecho se hace muy duro, el caso es que sin darme cuenta siquiera, me encuentro frente a mí, una cuesta enoooooorme, no de longitud pero sí de pendiente y con mucha piedra y arroyos, donde todos los que me preceden van a patita, evidentemente yo como buen compañero, decido no humillarlos y me bajo también para subir andando.
            Una vez coronada la cima, se desciende un poco…para volver a subir, aquí se produce lo que llamo yo el efecto cachondeo, leches, porque hay que bajar si luego vamos a tener que subir…¿no podrían ponerlo todo al mismo nivel?. Y mira por dónde, me acuerdo de cuando estuve hace unos años en la ruta de los Castrejones, que me dejaron marcado a fuego en la memoria sus famosos cortafuegos….pues sí, estos son, solo que en sentido contrario, así que me acuerdo de los castrejones, de los cortafuegos y de la madre del que diseñara la ruta por la que nos está metiendo (todo con cariño, ¡eh!). Aquí ya no me quedan dátiles que llevarme a la boca, si lo pienso bien, he tenido en esta mañana la misma alimentación que un mono, dátiles, plátanos y sandia….lo que no me apetece es comer nada con el calor que hace, y lo que hago es tirar de un sobre de gel que llevo en la camelback para conseguir recuperar un poco las fuerzas, apuro el agua que me queda en la camelback, y con el contenido del bote, voy echando tragos, uno dentro y uno fuera sobre la cabeza, estamos hablando que son casi la una del mediodía y el calor te golpea como un martillo a un yunque, me acuerdo de lo mal que lo pasé en Ronda, y pienso que no puede ser peor, allí rozamos los 47 grados, aquí de máxima daban 37º, no sé si será fiable, al menos me sirve de autoconsuelo y sigo avanzando, una de las cosas que se me olvidó al comienzo fue ponerme crema solar, pero creo que no hará falta, es tanto el polvo que llevamos, que tendremos pantalla de protección 50, por lo menos; los cortafuegos se acaban, un compañero me dice que según sus cálculos nos queda un kilómetro para el próximo avituallamiento, por esta zona abunda una fauna autóctona especial, el biker reventadus, jajaja, los bikers están descansando a la sombra del primer árbol que han pillado, en el último repecho duro, hago lo mismo, me detengo sobre una sombra, y apuro el bote, poco puede ser si solo queda eso, dejo que se me calmen las pulsaciones que andan un poco locas…he llegado a ver 196, y nunca dejo que pasen de 170…. Y nos ponemos en marcha, aquí voy compartiendo penas con Kike de Hortaleza, otro bicigrino que hizo el camino Portugués el año pasado, me dice que ya está hecho, le contesto que hasta que no vea el arco de meta no me lo creo, y así a lo tonto, llegamos al último punto de recuperación.

            Hemos cruzado por debajo de un túnel pequeño para salvar la carretera que va a Villarrubia de Santiago, en total creo que han sido 4 túneles hoy, pues bien, literalmente hemos visto la luz al final del túnel, porque nada más cruzarlo a 100 metros se encuentra el avituallamiento de rigor, aquí varío mi ritual por 2 motivos, primero porque me rellenan el bote los voluntarios, segundo porque me voy a los aljibes portátiles que tiene la organización y meto la cabeza directamente debajo del grifo….¡por Dios! Qué idea le venía haciendo a esto, me refresca y ahora sí, me anima lo suficiente para comerme mi correspondiente ración de sandía fresquísima y el penúltimo plátano del día, tras el oportuno interrogatorio a los voluntarios sobre lo que nos queda, hecho absurdo totalmente, porque la respuesta era obvia,…7 kilómetros de subida. Aquí si relleno la camelback por si las moscas y partimos en pos de nuestra meta.
        200 metros, pero aunque me voy acercando a él, no logro pillarlo, 2 kms. Atravesamos unas olivas y algo más de cerro pelado acercándonos a nuestro final, 1 km. Ahora sí, ya no se nos escapa, queda aún un tramo duro tras volver a cruzar por un puente, un repecho de 2 metros, pero enseguida comienza el asfalto y a los 200 metros ya se ve el arco de meta, según mi pulsómetro llevo 5,55 h. pero según el reloj de la organización estamos en el 5,59…..así que por el poco amor propio que me queda, aprieto los dientes y hago un esfuerzo final, para lograr pasar por debajo antes de las 6 horas….Llegamos, me dan una medalla de Finisher igual que a todos, nos vamos saludando y dando enhorabuenas según nos vamos encontrando, me voy al puesto final a por un bocata de jamón y algo de comida, pero sobre todo bebida, y tras volver a saludarnos, nos hacemos una foto de grupo, 4 de los Xtremos que hemos acabado esta prueba.
    Los compañeros que vamos por esta zona, ya nos conocemos todos, al menos de vista, 2 con maillots de Decatlon, uno del Movistar, Kike, otro con maillot de Moviebike, otro de Biciarea, otro más que pone en su maillot “Los Manantiales” y los 2 colegas con la ropa de Sonseca y alguno más que se me olvida, mi cuenta vuelve a funcionar, así que me fijo en los kilómetros, y sé que me toca contar hasta 7, el tiempo que llevamos en marcha son 5,20 h. sin descontar paradas, y comenzamos con una pequeña bajada que nos tragamos el cruce indicado por nuestras ansias de llegar, tras un pequeño tramo llaneando, empezamos a subir las que serán nuestras últimas cuestas aquí ya las fuerzas están desaparecidas, algunos se bajan en el primer repecho, otros seguimos subiendo, a molinillo, pero encima de la bici, hasta que en un giro de 180 grados a la derecha aparece un cartel con la indicación 3 Kms….. Se grita en alto para animar a los que vienen detrás y aquí el terreno vuelve a nivelarse, metemos plato, bajamos piñones y a rodar otra vez como si acabásemos de salir, en este intervalo, llevo delante al compañero del Movistar a unos 200 metros, pero aunque me voy acercando a él, no logro pillarlo, 2 kms. Atravesamos unas olivas y algo más de cerro pelado acercándonos a nuestro final, 1 km. Ahora sí, ya no se nos escapa, queda aún un tramo duro tras volver a cruzar por un puente, un repecho de 2 metros, pero enseguida comienza el asfalto y a los 200 metros ya se ve el arco de meta, según mi pulsómetro llevo 5,55 h. pero según el reloj de la organización estamos en el 5,59…..así que por el poco amor propio que me queda, aprieto los dientes y hago un esfuerzo final, para lograr pasar por debajo antes de las 6 horas….Llegamos, me dan una medalla de Finisher igual que a todos, nos vamos saludando y dando enhorabuenas según nos vamos encontrando, me voy al puesto final a por un bocata de jamón y algo de comida, pero sobre todo bebida, y tras volver a saludarnos, nos hacemos una foto de grupo, 4 de los Xtremos que hemos acabado esta prueba.


            Mi apreciación personal es satisfactoria, por similitud de distancia y terreno se podría comparar con los 101 de Ronda, aquella acabé con 9,30 horas (8,10 efectivas) y esta han sido 6 horas (5,20 de pedaleo), me ha parecido muy dura, no es que tenga mucho desnivel acumulado, han salido 1.760 D+, un poco más de los 1.500 que decía la organización, pero es muy rompe piernas y con tanto cambio de ritmo hace que sea difícil llevar una cadencia cómoda, y el calor, ¡ay el calor!, da igual la temperatura oficial, en cuanto se pasa de 30 grados encima de una bicicleta, eso es mucho calor, y quien no se conozca bien sus límites y sus reacciones, puede sufrir, mucho no, lo siguiente.


            Me vuelvo encantado con la organización, tanto en calidad como cantidad de avituallamientos, una señalización perfecta, no había ningún cruce sin indicar, y cintas avisando el recorrido por doquier, los voluntarios, como todos los de estas marchas, de campeonato del mundo, atentos, amigables, tratándote como si fueras el propio Indurain; y fiesta final en Meta, con unos sorteos para los compañeros, ¡lástima que no me tocara ningún sillín para cambiar por el mío roto! Y animando a los que iban pasando por meta, hasta que cerraron el control, con el paso de los 2 últimos a las 7 horas y pico de haber salido.

jueves, 12 de junio de 2014

Los 10.000 del Soplao 2014

Soplao 2014


    Cuatro años, los mismos que llevamos de década, cuatro años consecutivos acudiendo a nuestra cita en Cabezón de la Sal, cuatro años que se nos han pasado rodando, desde el primer asalto nos enganchó, y llevamos cuatro. Hemos tenido sol y buen tiempo el primer año, hemos tenido lluvias torrenciales y temperaturas gélidas que dejaron ese año en tablas nuestra aventura, tuvimos sol y lluvia el año pasado, pero este año ha sido diferente, este año a pesar de todas las previsiones, hemos conocido el encanto del clima cántabro, nos acompañó en todo momento el buen tiempo, y no me refiero a un sol de justicia, no, me refiero al mejor tiempo que un ciclista puede desear para montar en bici, a ratos calor, a ratos fresquito, pero siempre dentro de los límites aconsejables para que el cuerpo vaya recuperándose del esfuerzo al que lo sometemos.
Pero vamos al comienzo de la pelea, como viene siendo habitual, tomamos posiciones en nuestro cuartel general, La Charola, remanso de paz y cariño que nos adjudica Lari a cuantos vamos llenando sus habitaciones, este año hemos superado el número de los años anteriores, 12+1, no digo 13, no porque sea supersticioso, sino porque somos 12 gigantes masculinos y 1 gigante femenino, que sin embargo nos da sopas con ondas al resto.

A lo que iba, este año hemos ido aterrizando por oleadas, unos por la noche del jueves al viernes, otros por la mañana del viernes, y el resto en 2 turnos el viernes por la tarde, a mí me toca llegar de los últimos, pero sin embargo, nos sirve para no tener que volver a Cabezón puesto que los dorsales los hemos recogido antes y así tenemos la tarde libre, lo que hace que por primera vez en cuatro años, podamos dar una vuelta con la bici para estirar las piernas, y de paso disfrutar tranquilamente de la zona.
Una vez preparado todo para el día siguiente y reunidos todos los incautos que mañana nos pelearemos por esos montes, nos vamos a cenar a nuestro, también, lugar habitual para estas ocasiones, Bar Canal, donde nuestra amiga Merche, nos tiene preparado el menú típico del ciclista.
Descanso a saltos, no entiendo porqué, pero este año tengo ciertos nervios que otros años no tenía, creo que cuanto más te entrenas y te preparas, más nervios se acumulan el día previo, así que hasta que nos tocan a rebato a las 5,30 de la mañana, alterno el sueño con la vigilia, y bajamos a desayunar sin ninguna pereza.
Siete horas a.m., todos camino de la línea de salida, este año nos dispersamos aquí, nuestra gigante Eva, junto con Yosu y Manolo, tienen puesto garantizado en la línea de salida, su distintivo, una pegatina negra en el dorsal, muestra de lo bien que lo hicieron el año anterior, el resto, a fusionarnos con el resto de los mortales, nos incrustamos en la marea ciclista al final de la calle principal, justo en la primera esquina donde la muchedumbre gira hacia la derecha para continuar por las calles aledañas rellenando todos los huecos posibles, se nota que se ha batido el record de participantes, 4500 bikers amontonados esperando que nos den la salida con los acordes del mítico Thunderstruck.

Aquí coincido con un guerrero amigo, Zarzo, otro superviviente de la Batalla de Uclés, a lo lejos diviso a Kiowa, a algún Castrejón amigo, y a cientos y cientos de bikers desconocidos que llevan en el rostro la misma tensión que los demás, entre nervios, alegría, miedo, ilusión, y ganas, muchas ganas de pedalear y empezar cuanto antes.

Ocho horas a.m. esto no tiene vuelta atrás, ya se ha soltado la traca inicial, pero el pelotón aún no se mueve, hasta pasados unos minutos que se empieza a vislumbrar algún hueco, no nos ponemos en marcha, primero a pie sobre la bici, después podemos subir y poco a poco vamos empezando a pedalear, como siempre es indescriptible los sentimientos y las emociones que me pasan por la cabeza cuando cruzo bajo el arco de salida, con el speaker animando, la gente gritando y aplaudiendo y la música de AC/DC sonando de fondo, este año tengo que lamentar una pérdida, si bien es muy materialista, no por ello es menos trágica, mi vieja cámara de fotos que siempre me acompaña colgada al cuello, no ha aguantado los avatares de la última aventura allá por tierras andaluzas, los 101 de Ronda han sido demasiado para su esqueleto metálico, y no he logrado recuperarla para la ocasión, así que intento captar todo lo que me rodea, sabiendo que este año, no podré rememorarlo viendo las imágenes que captaba con ella.
Así avanzamos por Cabezón, directos al primer envite, el asfalto se cubre con las bicis y cada cual va ocupando su lugar dentro del río de bikers que fluye de manera incesante, de momento vamos todos los gigantes más o menos agrupados, Fernan, Juanchu, Javi, Gonzalo, José Andrés C. y yo, los “elegidos” para la gloria irán mucho más delante, y José Andrés O., junto con Juan, han avanzado rápidamente en su afán de cubrir lo antes posible nuestro destino, atrás hemos dejado a los dos gigantes que harán por primera vez el Soplao en modalidad combinada, Angel H. y Josan U. que comenzarán un poco más tarde su periplo corriendo para enlazar con nosotros allá por el kilómetro 100, sabiendo la tortura que les esperará después.
Primeros atascos, algo que el año pasado evitamos, este año no puede ser, las primeras paredes con pendientes cercanas al 20%, aún frías las piernas hace que muchos compañeros pongan pie a tierra, entre el barullo de piernas y bicis, se hace complicado rodar, la experiencia nos avisa y se quita todo el desarrollo posible, para evitar caídas y calentones innecesarios.
            El firme impecable, el tiempo inmejorable y todos de buen humor y con fuerzas, se sube, se baja, se rueda sin ningún problema, así vamos avanzando superando el Alto de San Cibrian y llegando a San Vicente del Monte, nos distanciamos del grupo porque mi hermano lleva la rueda trasera con poca presión, intentamos darle con la bomba que llevamos, pero no es suficiente, así que buscaremos la primera asistencia mecánica que veamos para solucionarlo. Al poco tiempo, tenemos el disgusto del día, en la bajada veo a lo lejos a miembros de la Cruz Roja, junto con unos bikers con los colores de nuestro maillot, lo que conlleva pegar un frenazo, avisar de la maniobra y bajar de la bici a ver qué ha pasado, ¡¡mala suerte!!, Juanchu se ha caído, mejor dicho, lo han tirado, algunos que bajan sin tener en cuenta las consecuencias, le ha dado en el manillar y ha ido al suelo con un golpe considerable y un pequeño corte en el brazo derecho, le hacen los sanitarios una pequeña cura de urgencia, pero nos dicen que tienen que bajar hasta el coche médico para darle unos puntos de sutura, el bajón anímico es brutal, tanto para él, como para nosotros, a estas alturas, con una hora escasa de carrera y ya ha finalizado para él este año el Soplao, ¡¡vaya putada!!. Los demás se marchan, yo me quedo un poco más, pero no hay nada que hacer, así que con una sensación agria me despido de mi amigo y me vuelvo a lanzar a la ruta, soy consciente de que ahora mismo voy el último de los míos, aunque también sé que mi hermano debería parar a dar presión en la rueda, el resultado es que me presento en la famosa subida de “La Cocina” y en el punto de asistencia no he visto a mi hermano, así que intento alcanzarlo y de momento subo la cuesta encima de la bici, hasta que ocurre lo inevitable en estas ocasiones, mucha gente y mucha pendiente, el resultado es poner pie a tierra en cuanto lo hace el que te precede y no lo puedes esquivar, así termino el tramo asfaltado y empiezo el tramo de tierra y piedras que continúa, este año es una maravilla como está el terreno si lo comparamos con años anteriores, se puede ciclar, siempre y cuando los compañeros te dejen, al final se vislumbra la bajada y la carretera que nos dirige al primer avituallamiento en las Cuevas, este año creo que voy mejor que el año pasado, subiendo al Soplao, coincido con un biker de Carrión de Calatrava, que me saluda y charlo un poco con él, saludo a otro de Illescas, a otro de Bicis Pina de Toledo, en fin, a todo aquel que puede animarme un poco por el intercambio de palabras, así hasta la explanada del avituallamiento, aquí busco a mi hermano pero no lo encuentro, entre tanta gente se hace difícil, sin embargo, nuestro acuerdo era parar aquí para reagruparnos, me entretengo hablando con 2 Castrejones y cuando ya estaba preparándome para salir de nuevo, lo veo llegar, yo que pensaba que lo llevaba delante, resulta que se había parado a arreglar la rueda y no lo había visto. Así nos recuperamos, plátano e isotónica y a disfrutar de la bajada....el primer año que la hacemos sin barro, jeje, aquí me vengo arriba y bajo como un suicida, disfruto como un niño, incluso me atrevo a saludar a un fotógrafo que me inmortalice como debe ser.

            Celis, otra bajada que te deja los brazos suaves por el rayado del hormigón, y desde ahí a la carretera, de momento vamos bien, todo según lo previsto y sin ningún incidente añadido, por mi parte tengo una ligera molestia en la pierna derecha, un pequeño tirón cuando me bajé de golpe a consecuencia de la caída, pero intento no preocuparme y voy regulando, más cadencia y menos esfuerzo, el objetivo es acabar, el tiempo es secundario. Y este año avanzamos por la carretera sin tener que cruzar el río como años anteriores, la verdad es que le quita el atasco que se formaba, pero también un poco de encanto al discurrir entre las aldeas de la zona, así cruzamos Puentenansa, Carmona y algún otro pequeño pueblo, hasta que abandonamos la carretera y comienza la ascensión del famoso Monte Aa, aquí decido parar a quitarme ropa, la camiseta técnica que llevo debajo del maillot, y el pasamontañas del cuello, y cambiarme los guantes, que llevaba los de invierno, por otros de verano, la verdad es que en la camelback llevo otra “muda”, que igual no me hace falta, pero por esta zona nunca se sabe, aquí, ya ha caído otro bote y voy bebiendo de la mochila, el sol está en lo alto, y el calor es sofocante, me viene bien, tanto despojarme de la ropa como el pequeño parón que aprovecho para estirar mi pierna dolorida.
            Sigo avanzando, me incorporo entre todos los compañeros que vienen, las rampas del monte, obligan a más de uno a poner pie a tierra, a mí no se me pasa por la cabeza, aún tengo clavada la espinita del primer año, donde tuve que bajarme en la segunda rampa de hormigón, y desde entonces, lo tengo como algo personal, no queda otra, quitar plato y piñones y subir a molinillo, pero con cadencia, voy adelantando a los que van andando, y a alguno que otro subido, pero que va haciendo zigzag, con el peligro que conlleva, así hasta que se acaba el hormigón y empieza la tierra, es una ventaja conocer el terreno, ya sé que lo peor ha pasado, y empiezo a subir desarrollo y velocidad, tampoco es que vaya quitando las pegatinas de los compañeros, pero al menos me animo, así hasta la famosa Curva de las Gominolas, lo de esta señora y su hija es para un monumento, da igual que llueva, truene o haga sol, allí que está con su tarro de gominolas para todo el que quiera, yo me dejo caer al lado derecho y le cojo una muy agradecido, será el llamado efecto placebo, pero me sabe a gloria, y me levanto para coger ritmo, sabiendo que ya lo que nos queda es la bajada espectacular que tenemos antes de llegar a Ucieda.

            Esto es lo mío.....solo por esto ya merece la pena subir hasta aquí, no hace falta dar muchos pedales, y tan solo estar al tanto de los frenos, porque la pista es amplia y el paisaje impresionante, me dejo caer, y voy avanzando entre los compañeros como si estuvieran parados, voy avisando por el lado que voy para que no haya sustos, y salvo en las 2 curvas más cerradas que hay, en el resto, no es necesario casi ni frenar, voy encantado, con el día, con la bajada, con mi bici, lo único que empaña el momento es la caída de mi compañero, pero eso no evita que me lance a tumba abierta, pasamos al Parque Natural a velocidades increíbles, los baches se saltan, no se esquivan, las piedras se apartan y los charcos, pues nada, te mojas y punto, así a toda velocidad, salvo el atasco que se forma en Ruente, algo nunca visto, está claro que todos los que estamos este año hacemos más bulto, y pasar por el puente en fila de uno, hace que se forme un nudo enorme de bikers. Aquí veo a mi hermano de nuevo, ya estamos los 2 solos cerrando el grupo, y llegamos a Ucieda, según el horario previsto.

            Avituallamiento, lo que significa, comer 2 bocadillos de jamón, plátano y naranja, reponer aquarius en el bote y agua en la cámel, y tras un pequeño estiramiento de los perniles, a pelearnos con el Alto del Moral, mira que se hace largo el jodío, mira que se hace duro el condenado, pero a su vez, mira que es bonito subirlo y mira que es alucinante disfrutar de las vistas, empieza con pendientes fuertes, y continua con algunas más suaves, pero los primeros kilómetros no te dejan ningún respiro, tienes que saber dosificar porque los 12 kilómetros que hay hasta la cima se hacen muy largos, voy intentando coger un ritmo que no encuentro, la cabeza me empieza a pasar factura, me acuerdo de la pierna y no quiero forzar, pero también me va minando las fuerzas la duda de si será una fisura, una distensión, en fin, cualquier contratiempo que no me deje acabar. Ya digo que se hace muy largo llegar hasta la cima, hasta que me acoplo con un par de bikers que se estrenan este año y no tienen ni idea de si podrán acabar, los animo y les explico lo que nos queda, les digo que cuando cambia la ladera del monte, del lado derecho al lado izquierdo es porque ya está casi hecho, los árboles se quedan detrás y también es buena señal, ahora ya la pendiente es menor y quizás por la distracción con los colegas o por la barrita que me he comido, el caso es que puedo subir piñones y avanzar un poco más rápido, creo que he superado mi primera crisis de este año, en la curva a derechas que viene a lo lejos veo a mi hermano, así que no voy tan mal como pensaba, así y todo, en cuanto coronamos el primer rellano que hay, paro a reponer el bote con bebida isotónica porque iba seco, y ahora avanzo hasta llegar a la cima de verdad y empezar la bajada, aquí el tiempo está más fresquito, y paro a ponerme el chubasquero, esta bajada es peor que la anterior, no en velocidad, sino en belleza, el comienzo es en monte pelado y hasta que no se entra en la arboleda no tiene mucho encanto, aún así, eso no evita que se baje a tope, incluido una curva cerrada a izquierdas donde casi me quedo formando parte del paisaje...jajaja.
            Finalizado el Moral, volvemos a la carretera para llegar a Bárcena Mayor, se pasa por mitad de la población, este año no están los chavalines que había el año pasado con un caldo calentito, con la idea que le estaba haciendo, jejeje. Así, llegamos al siguiente avituallamiento y punto de encuentro.
            Quince horas, es decir, las 3 de la tarde, el cronómetro está más o menos como el año pasado, así que no vamos mal, aunque tampoco para tirar cohetes, aquí la pierna va hecha un desastre, lo primero, comer y beber, ya no quedan bocadillos, solo bollería, que prefiero no comer, así que fruta y bebida, y toca recuperar la pierna para el resto de la batalla usando la crema que llevo en la camelback, (Radiosalil, te quiero) me doy un pequeño masaje y tras unos estiramientos, volvemos a la acción, aquí reencuentro con Fernan y Lillo, que se marchan un poco antes que nosotros, y de nuevo al guerrero Zarzo, que también sigue luchando en esta pelea, y que nos conmina a vernos arriba en Cruz de Fuentes.
            Salimos con fuerzas renovadas, sabemos lo que nos espera esta batalla será larga y tediosa, pero es una ventaja conocer el terreno que pisamos, nos acoplamos a un grupo de 6/8 corredores con los colores iguales que los nuestros, negro y amarillo, parecemos un enjambre de avispas, los colegas son de “Botijosport” de Dueñas (Palencia), la subida inicial se hace muy llevadera, los arboles nos tapan el sol y la temperatura es agradable, le advierto a mi hermano de los 2 puntos clave, la curva cerrada a derechas con un “rampón del 15”, y mucho más adelante al cruzar un puente, el resto es subir a ritmo y recuperando en los pequeños rellanos que ofrece el camino; y darlo todo en los últimos 2,5 kms. donde está la señal de madera indicando la cima.
            A estas alturas, salvo los colegas del botijo, es difícil seguir la pista a los compañeros, porque tan pronto se bajan y van a pie, como se suben a la bici y te pasan como si fueran a ganar la etapa, eso ocurre con algunos de Lillo, de Villarrobledo, y alguno más con el que se coincide durante la ascensión.
            Este año, la motivación es máxima y solo en determinados momentos me conecto a mis auriculares para entonarme, prefiero ir empapándome del momento, y salvo cuando la cabeza se pone tonta, voy encendiendo y apagando el mp3. Curvas a izquierda y derecha y árboles que se van quedando atrás, señales inequívocas de que nos acercamos a la cumbre, tengo mis momentos de bajón, pero me recupero bastante bien, la pierna respeta el esfuerzo al que la someto, y voy comiendo según las necesidades del momento, así nos encontramos a Fernan, que va a su ritmo, ya se ha quedado solo también, es difícil compaginar el pedaleo con los compañeros, sigo adelante y la niebla nos envuelve, otro año más que no lograremos ver la famosa Cruz que da nombre al puerto, como siempre la idea es agruparnos en el avituallamiento de Ozcava, así que sin más precaución que ponerme el chubasquero para no quedarme helado, me lanzo a disfrutar nuevamente de la bajada que tenemos por delante, aquí el terreno es más complicado y la precaución es mayor, voy abriendo camino entre la niebla y los compañeros más prudentes, de la pierna ni me acuerdo, y aquí coincide la música de mi mp3 con el Higway Star de los D. Purple y me da un subidón de adrenalina bestial….aún no sé como he bajado sin descabalgar…jejeje.

            Dieciocho horas, subiendo Ozcava me vuelve a suceder lo del año pasado, me quedo sin gasolina a medias de la cuesta, es lo que tiene, que subes Cruz de Fuentes y piensas que ya está todo hecho, pero la subida a Venta Vieja, no hay que perderla de vista, además el camino va haciendo “eses” y se ve perfectamente a los compañeros, así que al igual que antaño, me como una barrita como si fuera la última de mi vida para recuperarme, y con más pena que gloria llego al avituallamiento, llegar, dejar la bici e ir a por unos sandwichs es todo uno, aún no ha llegado mi hermano y ya he repuesto líquidos y comido, una vez que llegan Fernan y él, aparece Zarzo también, mantenemos una pequeña reunión, y puesto que ya no parece que vaya a llover, aunque la niebla hace que el frío se meta en el cuerpo, mantengo mi chubasquero y me pongo unos guantes de latex debajo de los míos para resguardar las manos en la bajada (ya no me los quitaría en toda la ruta). Y vuelta a bajar, primero se llanea un poco, antes de Venta Vieja, y luego después….¡¡¡Banzai!!! Me lanzo como un kamikaze, delante de mí, va un compañero que me va abriendo camino y al cual persigo pero no logro dar alcance, mientras tanto, el resto de bikers se van quedando detrás nuestro, en un momento veo que el cuentkms. Marca 60 por hora…¡¡uf!! Eso es muy deprisa para esta zona, sobre todo por los barrancos que hay en los laterales, pero bueno, vamos seguros y con confianza…hasta que se produce el primer susto del día, a unos 100 metros delante de mí, circulan en paralelo dos compañeros y delante de ellos otro por el carril de la derecha, al cual se le cae el bidón….¡¡¡Y SE VUELVE A POR EL!!! Pero ¿A QUIEN SE LE OCURRE? En plena bajada cruza la bici en mitad del camino para volverse a por el bote que se le ha caído, los compañeros no se lo comen con patatas de milagro, pero es que yo que voy lanzado detrás de ellos, lo único que acierto a hacer, además de tirar de frenos, es gritar ¡¡¡POR EL MEDIOOOOOO!!! Y milagrosamente se apartan todos y dejan un hueco en el medio por donde paso yo….así sin más contratiempos termino de bajar por las famosas “Zetas” de los Tojos, y poner dirección a Correpoco y el temido Negreo. Por horario vamos algo mejor que el año pasado, y además no hay previsto ningún chaparrón que nos empape, así que está resultando un día perfecto.
            Cruzo la carretera y asciendo las primeras rampas de Llendemozo, nada que ver con el año pasado, este año se puede cruzar montado, el año pasado se nos fue más de una hora en estos 4 kilómetros, este año lo solvento en 20 minutos, teniendo en cuenta que había que poner pie a tierra por la aglomeración de bikers, más que por la dificultad del terreno, en los momentos en los que vamos encima de la bici, se nos puede ver cara de críos disfrutando con sus juguetes, pasamos la  “ciénaga” que el año pasado fue criminal y empieza el buen firme, sobre el que nos lanzamos nuevamente, aquí vuelvo a tener el segundo susto del día, y sorprendentemente, vuelvo a librarme de una buena, en las últimas bajadas, justo en la última curva a izquierdas antes de cruzar el puente, el asfalto rugoso y mojado (después supe que había llovido por allí) hace que un compañero que comanda un grupo de 6/8 bikers, patine la rueda delantera y de con sus huesos en el suelo, los que van detrás de él, forman la típica montonera, por no atropellar a los compañeros, frenan en seco y también caen, y yo, en décimas de segundo me salgo del asfalto y voy a parar a la cuneta derecha, utilizando la cuneta como un muro de peralte, logro evitar, la montonera y mi caída, y cuando detengo la bici comento con otro biker la suerte que hemos tenido ambos, él hizo lo propio por el lado izquierdo.
            Así, recuperado el color de la cara después del susto, pongo mi montura dirección al Negreo, última batalla por librar y esperemos que podamos contar también con la victoria sobre él.

            Aquí tras dejar la carretera, la cadena se atasca al cambiar de plato, suerte que no fuerzo y me bajo para librarla, la asistencia mecánica que ahí allí, me ayudan y me la limpian y engrasan, y vuelvo a subirme para ascender las primeras rampas hasta el avituallamiento, último lugar de reunión antes de la meta.
            Este año ya se han acabado los montados de lomo, y solamente queda un caldo calentito, que me sienta de miedo, y al cual le mojo 2 o 3 trozos de pan que sobraba, y una cocacola para recuperar un poco las fuerzas, vuelvo a rellenar bote y camelback y me vuelvo a comer el enésimo plátano del día, así reponiendo la despensa, llegan mi hermano y Fernan, las fuerzas ya están menguadas en todo el mundo, saludamos a dos compañeros de Moskito Bikers de Villaviciosa de Odón, y tras el descanso preceptivo volvemos a poner nuestras posaderas en el sillín para darnos la última paliza del día.
            La subida es mejor que la del año pasado, las fuerzas son las mismas, pero el ánimo es mayor, así que de momento subimos sobre nuestra compañera de ruta, en una de las curvas tengo un problema que me obliga a poner pie a tierra y a buscar como loco un lugar “intimo” donde poder hacer lo que un amigo llama…..”liberar rehenes”.... ;-).
            Eso me lleva a quedarme el último de todos, y a subir como buenamente me dejan las piernas, a estas alturas la pierna derecha ya es de goma, me duele, pero no me preocupa, sé que aguanta lo que queda, y que solo faltan un par de kilómetros duros para dejarnos caer sobre la meta.
            Fernan, se ha distanciado y ya no lo volveremos a ver, a mi hermano que se ha quedado esperando, lo pillo y ascendemos juntos lo que queda, por aquí, ya se empieza a hablar de fútbol, pero hoy en este lugar, eso es secundario, quien más y quien menos su objetivo es llegar y disfrutar de lo conseguido con los amigos.
            Así coronamos el Negreo, en mi caso paralelo a un biker de Asturias que se ha estrenado este año en el Soplao por insistencia de un amigo, que al final se ha retirado y lo ha dejado solo, vamos un rato juntos, hasta que empezamos a bajar, claro, aquí él se queda detrás y ya no lo volveré a ver.
            Adelanto a mi hermano, lo paso como una exhalación y voy adelantando compañeros, la noche se nos está echando encima pero ya está todo hecho, solo nos queda terminar.
            En uno de los claros del camino, me detengo y sí, me pongo mi camiseta del Atleti (qué le vamos a hacer, soy colchonero) se lo prometí a un amigo que este año no ha venido con nosotros, que pasaría la meta con la camiseta puesta, y eso hago, aquí me pilla mi hermano y ponemos las luces porque la oscuridad hace acto de presencia.

            Descendemos ya los dos en conjunción por la zona boscosa del final, hasta que salimos a la carretera, donde lanzamos un pequeño sprint en los últimos 4 kms. Para llegar triunfantes y victoriosos a la meta, los dos juntos, como debe ser....

            Al final han sido 14,24 horas, con la satisfacción de haber acabado un año más y en condiciones de poder ir a cenar con los amigos y contar las aventuras, anécdotas y lo acontecido otro año más en esta batalla por tierras cántabras.
EPILOGO: Algunos han vuelto para hacer el de carretera....la tentación de pasarse al lado oscuro es muy, muy grande,....y yo soy tan débil....jajaja.

jueves, 22 de mayo de 2014

Los 101 de Ronda 2014

Ronda, Los 101, dos palabras que me vienen persiguiendo desde hace 4 años que intentamos conseguir dorsal por primera vez, y que no conseguimos hasta este año, y además 7 dorsales, número famoso, como los 7 magníficos, los 7 colores del arco iris….o los 7 enanitos, pues bien, este año nos vamos a Ronda, 7 gigantes para disfrutar de la famosa prueba “Los 101 de Ronda”.

Tras partir el viernes en sucesivas expediciones por culpa del trabajo, fuimos llegando a Ronda más repartidos que la lotería del niño, primero Jose María, Manolo y José Andrés O. ; después José Andrés C. y el que suscribe, y a última hora de la tarde los Felipes, padre e hijo, así que tras ocupar la casa rural que habíamos alquilado en Cuevas del Becerro, nos fuimos a disfrutar de Ronda, sus calles, sus cervecitas, sus vistas y sobre todo, del ambiente que reina en este fin de semana, donde quien no es ciclista, es duatleta, y quien no, es marchador que hará la prueba a pie, así pudimos dar cuenta de la “Fiesta de la pasta”, cena preparada por la organización en carpas militares donde dimos cuenta de los macarrones y la ensalada de patatas al más puro estilo militar, viejos recuerdos de la mili en lo de guardar cola con la bandeja en la mano y sentarse en bancos corridos con otros compañeros, en fin, que lo principal lo teníamos controlado, teníamos cada uno nuestros dorsales y mi hermano había dejado la bolsa para la transición en el punto indicado para los duatletas, y tras un ligero paseo nos fuimos a dormir, sabiendo lo que nos esperaba el día siguiente.

Sábado, 6,30 h. tocan diana en nuestra casa rural, desayuno ajustado a las necesidades que tendremos hoy, tras las fotos de rigor, comprobar que no nos falta nada, dorsal, bicis, pasaporte legionario y todos preparados nos dirigimos a nuestro punto de partida, el campo de fútbol habilitado como lugar de reunión de todos los participantes, aquí ya se nota la disciplina organizativa, tres mesas que filtran la entrada poniendo el primer sello de control en nuestra cartilla, y aquí se produce la primera dispersión del grupo, Manolo y José Andrés C., se dirigen al lugar reservado para los que llevan la equipación oficial, y el resto nos vamos donde la marabunta de ciclistas estaremos esperando la hora H; son las 8,30 hasta las 10 h, nos dedicamos a disipar nervios, hacer fotografías, ponernos crema solar para la que nos viene encima, y yo personalmente, me dedico a buscar y saludar a los amigos que sabía que estaban por aquí, Javier del Altillo, otro Javier del Mtbleganés, veo a lo lejos a unos paisanos de Almagro, y poco más, porque el lugar se va encontrando cada vez más lleno de gente y tampoco conviene despistarse mucho.
 Las gradas son un hervidero de público saludando y tras los respectivos discursos de las autoridades y el clamor de los vivas correspondientes, se da la salida, al principio todos andando, hasta que salimos del recinto donde ya podemos ponernos encima de la bici y circulamos por las calles de Ronda para volver a detenernos a la espera del cohete que da la salida oficial.

               
                Son las 10,30, este año se ha adelantado la salida media hora con respecto a años anteriores, aún así, el calor ya hace acto de presencia y te pega de lo lindo, y así, salimos todos, cada uno a su ritmo, de momento, nosotros vamos los 4 juntos, Felipe padre e hijo, José María y yo, vemos las primeras caídas, lógico si se tiene en cuenta, los nervios y la gente que sale como si le fuera la vida en ello, pero en general, hay muy buen ambiente y se cruzan comentarios animados entre los compañeros.
                El comienzo es por asfalto, pero inevitablemente este se termina y entramos en los primeros caminos donde se hace un pequeño embudo que se resuelve sin complicaciones, tan sólo en un par de ocasiones se llega a frenar para descongestionar el pelotón, pero enseguida se vuelve a rodar, el firme es irregular, existe mucho arroyo de lluvias pasadas y con tanta gente, toca tragarse lo que te venga, no puedes esquivar casi nada, eso, unido a la densidad de bikers que estamos hace que nos dividamos en 2 grupos, José María y yo por delante y ambos Felipes por detrás, y ante la dificultad de mantener la distancia con ellos, en el primer avituallamiento que nos agrupamos, decidimos mantenernos así durante la carrera, al menos vamos de 2 en 2 por si hubiera algún incidente que nos podamos echar una mano como buenos amigos, jeje.

                Este primer tramo se hace sin dificultad, nos dirigimos al campo de maniobras de Las Navetas o algo así, donde transcurrimos rodeados de encinas y monte bajo, y para nuestra sorpresa, descubrimos que hay en el centro un circuito de velocidad para coches que se encuentran entrenando en ese momento, así descubro el ruido de motor que nos acompañaba y que me traía intrigado desde unos momentos, la velocidad es alta, nos movemos en torno a los 25 kms. Y comento con Jose Mª la opción de no aumentar el ritmo, puesto que vamos bien con los compañeros que nos rodean, y hay que tener siempre en cuenta, las recomendaciones que nos han hecho, “no cebarse en los primeros kilómetros”, puesto que luego se puede pagar caro, aún así y todo, vamos adelantando a bikers poco a poco, a estas alturas mi cuentakms. ya ha hecho de las suyas y ha dejado de funcionar de manera intermitente así que no sé la distancia que llevamos, le pregunto a un compañero y me dice que 28 kms, esto no ha hecho más que empezar.
                Salimos de la zona de maniobras y nos encaminamos a la localidad de Arriate, de momento seguimos juntos Jose Mª y yo,...bueno y cientos de bikers con nosotros, al final vas hablando con los que van a tu lado, o delante, o detrás, y como de momento vamos sobrados de fuerzas y de ánimos, se hace muy llevadero, en esta población, vemos otra caída por culpa de la gravilla en una curva de asfalto que se baja a demasiada velocidad, por suerte, sin consecuencias graves, y tras abandonarla, nos encaminamos a la primera prueba dura del día, la subida por la Sierra de las Salinas, aquí tenemos la típica subida con las curvas cerradas donde se producen las primeras situaciones de “empujing” que se darán a lo largo del día, muchos compañeros no aguantan el desnivel y ponen pie a tierra, así el camino se convierte en un carril para peatones a la derecha y un carril bici para la izquierda.
                A estas alturas ya he acabado con el bote de sales que tenía desde el inicio y lo he rellenado un par de veces con isotónica en los avituallamientos, y como perro viejo que soy, voy comiendo poco a poco, tanto plátanos, naranjas de los puestos, como alguna barrita que llevo de las mías en el maillot; comenzamos la primera ascensión seria, José María, obviamente me va dejando detrás, como sube el “jodío”….pero a mi ritmo voy bastante bien, las pulsaciones estables, no quiero pasarme que queda mucho, y sobre todo, me anima ver que voy adelantando, en la medida de lo posible, a bastantes compañeros, no sólo porque vayan andando, sino a los que van montados pero con un ritmo menor al mío, así damos un par de curvas cerradas que son las que aguantan el mayor desnivel, y en una de ellas me encuentro con mi hermano, qué alegría, eso es buena señal, porque él salió con la equipación oficial antes que nosotros, le digo que se pegue a mi rueda y subamos juntos, pero me dice que no, que no se encuentra bien y prefiere seguir a su aire, así que sintiéndolo mucho, me alejo poco a poco de él, hasta que terminamos la ascensión y arriba veo a su compañero José Ignacio, con el que está haciendo la prueba, le indico que viene 200 metros por detrás y se queda a esperarlo, en el pequeño llano que tenemos por el Puerto del Monte, alcanzo de nuevo a Jose María y seguimos a nuestra marcha.
                Terreno favorable en el desnivel y muy buen firme, se avanza rápido y sin problemas, hasta que alcanzamos Alcalá del Valle, aquí estamos advertidos por los amigos, si te ofrecen un gel de la organización, “cógelo que te hará falta”, dicho y hecho, nos encontramos con un punto de control y avituallamiento donde nos ofrecen un gel, no me lo pienso, directamente, lo abro y me lo enchufo, pero ¡tate! Una pared enfrente nuestro se emerge a 200 metros tras girar una esquina, no tiene mucha longitud, pero el desnivel tiene que ser cercano al 30%, me viene a la memoria las rampas hormigonadas del Monte Aa del Soplao, y tiene que ser similar, solo que esta es lineal y ves el final, bueno lo de verlo es un decir, pero al menos, la gente que hay animando y los compañeros que van delante te sirven de referencia, así que nada, Manolo, a poner en marcha la reductora y tomartelo con calma, quito todo el desarrollo, y así a molinillo voy subiendo, si antes iba gente andando, ahora ni te cuento, de cada 4, 3 andando y 1 subido, agacho los riñones para equilibrar (al día siguiente me acordaría de estos momentos) y pim pam, pim pam, caminito de la cima, tengo suerte porque no me molesta nadie y puedo terminarla sin bajar de la bici, en los últimos 50 metros, el corazón me sale por la boca, pero el subidón moral de hacerlo y los ánimos de los espectadores, hace que ni me plantee tirar la toalla, ¡faltaría más!, llego a la cima y lanzo una exclamación, mezcla de alegría, rabia y sobre todo satisfacción por haberlo conseguido, contento, he superado la primera “obsesión” que llevaba en la cabeza y con ella mi objetivo, bajarme lo menos posible. De momento todo va según lo previsto.
                Me vuelvo a reagrupar con mi socio de ruta y avanzamos nuevamente con una velocidad alta, entramos en una zona alucinante, el calor ya va haciendo mella en los cuerpos, pero aún se puede soportar, el camino tiene sus partes con dificultades  pero en general es muy facilito y disfrutamos del momento, no sé la distancia exacta porque el cuenta funciona cuando quiere, pero sabemos que no vamos muy mal de tiempo y las fuerzas están casi intactas.
                Increíble, apoteósico, espectacular, no sé que adjetivo poner cuando llegamos al pueblo de Setenil de las Bodegas, si ya de por sí , la zona es preciosa, la carretera transcurre por mitad de la población que tiene la particularidad de estar construida bajo la montaña, con unos balcones de roca inmensos, a eso le tenemos que añadir la muchedumbre que hay concentrada allí, el aplauso y el clamor es unánime, parece una llegada del Tour, te pone la piel de gallina, y como dice una compañera que va a mi lado, “esto te da un subidón que te pone las pilas a tope”, repito, no se puede describir lo que se siente, cuando pasas y todo el mundo está aplaudiendo, animando, haciendo fotos…y tomándose sus cervecitas, porque lo que hay en los lados de la carretera son bares, pero en fin, ha sido uno de los momentos más bonitos de la ruta, 
y aquí tras cruzar el río por  unas pasarelas llegamos al punto de avituallamiento número 12, sólo nos quedan 8, eso es buena señal, ya “hemos mediado”…sí eso es sobre el papel y en la distancia, lo que no sabía era lo que nos esperaba después.
                Aquí reponemos de nuevo, líquido, fruta y una bolsa de pistachos, de los que promociona Cavendish, que me guardo para luego, porque no me apetecen en este momento, y tras recuperarnos un poco y hacer un par de fotos, salimos del pabellón donde está montado dirección al cuartel, nos advierten unos compañeros de la zona, que queda lo peor hasta el cuartel, y llevan razón, se comienza ascendiendo por un tramo asfaltado sin ninguna dificultad, se vuelve a descender, es la tónica del día, subidas y bajadas, menudo rompepiernas… hasta que llegamos a la madre de todas las cuestas, al principio no parece tener mucho desnivel, pero según se avanza se va agarrando a las ruedas como ella sola, los compañeros que ponen pie a tierra son incontables, tiene cierto grado de dificultad por los arroyos que parten el firme y las piedras y las ramas que hay que ir sorteando, y a eso añadimos todos los bikers que estamos, a los que adelantas que van andando, los que te adelantan a ti subidos con más ritmo, que son los menos, y yo me conformo con ir detrás de un grupo que vamos en fila de a uno y con un ritmo parecido, aunque las fuerzas van escaseando y cualquier percance hace que, o pones el pie, o aprietas más para esquivarlo, sea un arroyo, sea un bache, o un biker que no puede más, me mantengo detrás de un compañero que lleva puesto “Raul” en su culotte, y le digo….”Raul por tu padre no te pares”, la cuestión es que me hace caso y vamos superando a todo el que se va apartando y nos mantenemos encima de la burra, hasta que en un momento dado, hace ¡bum!, no literalmente, sino que se para y se convierte en viandante, y obviamente, yo con él….primer asalto perdido, a estas horas el calor es asfixiante y mis pulsaciones están tocando techo, así que decido caminar un poco para que la caldera se refrigere y las revoluciones vuelvan a la normalidad, una vez recuperado, vuelvo a incorporarme al carril ciclista y abandono el de vehículos lentos, hasta coronar la cima, allí, de nuevo Jose María, esperándome con una sonrisa y una cara de satisfacción que no podía con ella, estamos disfrutando como críos, seguimos el ritual, bebida, rellenar el bote, y comer fruta y alguna barrita, después de una foto con el Cabo González que estaba de animador, nos lanzamos en busca del cuartel, aquí ya no hay subida, solamente repechos continuos, mantengo conversación con un par de duatletas que me cuentan que los calambres los matan y no tienen muy claro si podrán continuar, eso hace que me acuerde de mi hermano que viene detrás, ¡uff!, me da por pensar si tuviera que correr a pie yo ahora y solo de pensarlo me duelen las piernas más aún; así tras una bajada bestial, en las que los frenos hacen su función hasta que un olor a pastilla quemada reina en el ambiente, llegamos al cuartel.
                Esto ya va teniendo otro color, todo el mundo está contento, en teoría quien llega hasta aquí, llega a la meta en el tiempo previsto, pero claro, quedan aún 23 kms. Y precisamente son los más duros, así que aprovechamos para comer el menú que tenían preparado, arroz y hamburguesa, y otro plátano de postre (ya no sé los que llevaré comidos hoy), nos relajamos y comemos tranquilamente, aquí la organización tiene dispuesto un servicio de fisioterapia para quien lo solicite (un punto a su favor).
                Nos reencontramos con los Felipes, cuando ya salíamos, así que nos quedamos hablando con ellos un rato, hasta que decidimos ponernos en marcha, que entre unas cosas y otras hemos estado una hora y media vagueando, con eso de que íbamos bien, nos lo hemos tomado con mucha relajación, y ahora arrancar se hace más cuesta arriba, literalmente, porque salimos subiendo, se cruza la vía del tren, giramos a la derecha, tras pasar por debajo de un puente adelantamos a dos duatletas con el mono del Trijote Series y los saludamos con alegría al ver a los paisanos, y aquí se acaba lo bueno, lo que sucede a partir de aquí, ya roza el terreno de lo épico, vamos ascendiendo y abriendo paso entre gente caminando, con o sin bici, aquí es indistinto, la mayor parte de los compañeros van arrastrándose por el camino, estamos en la famosa “Cuesta de la Ermita”, donde el calor agobiante y las fuerzas justas hacen mella en todos, por aquí ya se empieza a ver compañeros que están a la sombra de algún árbol, o directamente tumbados en alguna zona confortable, otros tantos seguimos avanzando, Jose María se va alejando poco a poco, no puedo seguir su ritmo subiendo, y tras un giro de 90º a la izquierda donde empieza la tortura de verdad, lo pierdo de vista y ya no lo veré hasta la meta, mi cuerpo responde, no tengo calambres, estoy descansado (dentro de lo que cabe), así que a mi ritmo de caracol sigo ascendiendo, nos cruzamos con una ambulancia que viene contra dirección, mal asunto, pero no decae el ánimo, comparto un buen tramo con un compañero de los “hormigas verdes”, este va haciendo la goma, se baja, lo pillo, se sube, me pilla, así un buen rato, hasta que una de las veces que se baja ya no vuelvo a verlo, y en un repecho de infarto donde el firme es muy irregular y las fuerzas pocas, se me levanta la rueda delantera y hace que ponga el pie a tierra, y ya no soy capaz de volver a iniciar el ascenso, así que me aparto un poco del camino, dejo la bici, me tomo una barrita de la camelback y bebo agua por enésima vez, y tras un pequeño respiro, comienzo la ascensión final, son sólo 400 metros hasta la cima, pero los hago andando, mal asunto, la cabeza me empieza a martillear que eso no era lo previsto, que tenía que haber seguido, pero por otro lado, no tiene sentido machacarse, lo principal es avanzar, sea andando o en bici, y eso hago, así hasta que llegamos a un pequeño llano donde el camino se convierte en senda y esta nos lleva a los pies de la famosa ermita, aquí hay una concentración de bikers recuperando fuerzas, pero yo me lanzo en pos de la bajada, en dos palabras...¡¡¡vaya pasada!!!, tanto por la dificultad como por la belleza, es una antigua calzada romana donde los frenos echan humo, curvas muy cerradas y en mal estado, hay que llevar la concentración al máximo porque una caída es lo más probable que te suceda, y no es plan de dejarnos la piel por esta zona, pero disfruto una barbaridad, cuando llegas abajo, los antebrazos están agarrotados de hacer fuerza, pero en cuanto se toca asfalto y llegamos al punto de avituallamiento, el ánimo cambia y vuelvo a coger fuerzas, saludo a Jose Ignacio, menudo bicho, haciendo el duatlón y lleva el mismo ritmo que yo con la bici, y vuelvo a rellenar los depósitos para seguir mi marcha, ahora todo es bajada y por carretera, el tiempo está dentro de lo previsto, pero a José María ya no lo pillo, eso seguro, y tras ir durante un par de kilómetros muy relajados por buen firme, nos encontramos con la penúltima emboscada, lo que alguien ha llamado “la senda imposible”, de repente, se abandona el camino y se gira a la derecha para coger una senda de cabras, donde es imposible ir subido encima de la bici, si alguien lo ha hecho subido, es para quitarse el sombrero, piedras enormes y raices por todas partes, hace que parezca una marcha de senderismo, todos, y digo todos, vamos a pie, unos con bici y otros sin ella, y además en continua ascensión, esto es la puntilla para muchos, que en cualquier rellano o zona más amplia, se apartan y se sientan a descansar, yo pienso que más vale avanzar por poco que sea, que sentarse y arriesgarse a que aparezcan los calambres, así que como una procesión vamos en fila de uno ascendiendo por el monte, hay que reconocer que la zona es preciosa, los árboles te mitigan un poco el sol, que justo lo tenemos en la espalda y calienta de lo lindo, pero hasta que no alcanzamos la altura suficiente para dar paso a un páramo de vegetación, no somos capaces de poner el culo en el sillín.
                Se aprovechan las fuentes naturales que nos encontramos para reponer líquidos y conseguimos pasar a lo que empieza de nuevo a ser un camino, aunque sin por ello, dejar de ascender y de ir perdiendo fuerzas a cada paso y pedalada que damos, parecemos un grupo de famélicos bikers que lleven vagando por el monte días, y sin embargo mi reloj marca las 7 de la tarde, y no tengo referencia de lo que nos queda, nos cruzamos con un teniente que va caminando en dirección contraria seguido de otra ambulancia y nos comenta que aún nos quedan un par de kilómetros hasta llegar al avituallamiento del Km. 92, eso no sé si nos da ánimo o nos lo quita, porque el compañero que venía a mi lado, se aparta y se sienta a descansar, yo continuo hasta tocar techo en el cerro y diviso a lo lejos, las tiendas de campaña del avituallamiento, aquí decido quemar todos mis cartuchos, las piernas me abrasan del sol, mejor dicho, los gemelos, el sol lo tenemos en la espalda y nos castiga inmisericorde, me quito el casco, me vacío lo que me queda del bote en la cabeza para refrescar, me tomo 2 geles que me quedaban, y magnesio para los calambres y me bebo el agua restante de la camelback, a simple vista, será 1 kilómetro lo que hay hasta el avituallamiento, y tenemos unos 200 metros de bajada, así que poco puede ser, y me lanzo, con cuidado por los compañeros duatletas que bajan andando, y con las pocas fuerzas que me quedan asciendo hasta la cisterna del avituallamiento, allí me encuentro con 2 compañeros con un suero intravenoso por deshidratación que están esperando que vengan a recogerlos, qué crueldad, a falta de 9 kms. para acabar y ellos ya han finalizado su ruta sin poder entrar en meta, pero esto es así, nadie dijo que fuera fácil. Bebo hasta la saciedad y relleno de nuevo, bote y camelback, y me llevo otra de las alegrías del día, asciende por la cuesta mi amiga Yolanda, qué subidón, me dice que va muy bien y cree que está en buena posición en su categoría, así que ella no para y se marcha, prometo intentar verla al finalizar y hablar tranquilamente, yo una vez repuesto, vuelvo a cabalgar para hacer el tramo final, a los 200 metros están las tiendas que yo había visto y ahí, vuelvo a comer fruta y beber aquarius, esta vez ya es lo último, ahora sí que hay que echar el resto, tras pasar el último control del pasaporte donde los legionarios están a sus anchas, porque ya no hay la aglomeración de los primeros kilómetros, comienzo otra bajada épica, las piedras y los arroyos campan a sus anchas por el camino que descendemos, y en mi locura voy adelantando a todo el que se me pone por delante, entre otras cosas porque las pastillas del freno de atrás hace tiempo que dejaron de hacer su efecto y voy cogiendo velocidades considerables, en una de esas bajadas me vuelve a saludar Jose Ignacio, el duatleta, no sé cuando me adelantaría, porque como digo, he tenido momentos de auténtico sufrimiento y con tanta gente no me he dado cuenta, ahora sí, vuelven las cuestas, pero el camino es bueno y se pueden ascender sin problemas, llego al desvío de duatlón y mtb, y en el último avituallamiento, me indican que ya está hecho, estamos en el Puerto de la Muela, y sólo queda la famosa cuesta del cachondeo, la emoción empieza a florecer, las piernas empiezan a ser lo que tienen que ser y la moral se eleva de nuevo, con la confianza de que está conseguido, que sólo queda la última batalla para llegar, se desciende de nuevo, para quedarnos a los pies del cortado de Ronda, donde la carretera va serpenteando y los compañeros son más escasos que hace unas horas, hasta que tras cruzar un pequeño arbolado, me encuentro el órdago final, la cuesta con mayúsculas, aquí se aprecia perfectamente el desnivel que tiene, sobre todo porque el 90% de los bikers van empujando su bicicleta, además se añade el firme que es adoquinado con guijarros y hace que sea muy incómodo coger el ritmo, existen una serie de curvas, y en una de ellas alcanzo a Yolanda, le digo que se anime y que vamos hacia arriba, me cuenta sus penurias con las pastillas de freno y se queda detrás, yo me mentalizo, esto es cuestión de pulmones y cadencia, así que me concentro en el pedaleo, intento evitar a aquellos que andando se cruzan de un lado a otro para no perder ritmo, y poco a poco, voy subiendo, ni me planteo parar a hacer una foto, el paisaje y la ocasión lo merece, pero mi cámara debido al calor y al sudor, hace un tiempo que dejó de funcionar, así que no hay nada que me despiste, curva a la izquierda, curva a la derecha, compañeros andando, otros haciendo fotos, uno incluso tumbado en la propia cuesta, así llego hasta el famoso Tajo de Ronda, lo contemplo unos segundos, pero sigo mi camino, curva a la derecha, hay gente animando, al fondo se distingue ya el final con las casas que anuncian la cercanía de la población, en este momento, me adelanta una chica, que lleva un ritmo mejor que el mío ¡olé por ella! Y un espectador se pone a mi lado, como si en el Tour estuviéramos para animarme, para decirme que ya está hecho, el tío va corriendo a mi lado e incluso me empuja en el sillín y me dice “¡sí señor, con dos cojones, ya es tuya!”....¡buah! me pone la piel de gallina, me da un subidón de rabia, fuerzas y moral, que cambio piñones, me pongo en pie sobre la bici, y en cuanto giramos a la izquierda para dirigirnos a la avenida principal, pongo el plato grande y acelero con todas mis fuerzas, me coloco sobre el manillar y avanzo a todo lo que dan las piernas, adelantando a todo el que se encuentra por delante, no es por llegar antes, no es por hacer menos tiempo, es por la explosión de júbilo y rabia a partes iguales por saber que lo estoy logrando, que estoy acabando, que ya nada me impide cruzar la meta, todos los pasos dados a pie por el monte, todas las pedaladas que se han dado en la ermita, todos los baches que se han esquivado, todo eso, queda atrás, lo único que veo ahora es la calle llena de gente aplaudiendo, animando, silbando, coreando a todos los que llegamos, cientos de bikers y marchadores que nos hemos dejado el alma por la sierra y que después del sufrimiento, estamos ahí, a punto de cruzar la línea de meta.

                Distingo entre la jauría alguien que grita mi nombre, pero no logro adivinar quien es, imagino que mis amigos que ya están allí, y entro en la Alameda con el alma desbordada de satisfacción, en ningún momento se me pasó por la cabeza no acabar esta prueba, pero visto a través de los kilómetros la de compañeros que no pueden decir lo mismo, me invade un cierto orgullo, último sello de control en la llegada, delante está la compañera que me adelantó en la cuesta, nos damos la enhorabuena mutuamente, son las 8,10....mi pulsómetro márca 8,07 h. de pedaleo efectivo, mi tiempo total según la organización son 9,24 h. No está mal, después sabré que mi puesto es el 1.519, un buen número, mi objetivo nunca es tardar poco, sino acabar, y sobre todo disfrutar, aunque para ello haya que sufrir, y como todo va unido, en esta ocasión he disfrutado y sufrido muchísimo, pero...¿no se sufre todos los días?. 
PD: Es una locura, lo sé...pero si Dios quiere, el 2015 volveré....y si puedo, en modalidad duatlón.